jmm00044
12 marzo 2012, 23:01
¡Viva la CIA! ¡Viva la Economía!- SANTIAGO ALBA RICO
http://i1127.photobucket.com/albums/l625/jmm00044/Album/519RFE-FeRL_SL500_AA240_.jpg
En junio de 1988, la Bruja Avería fundió a su última víctima, Casiano
Neón, un obrero alienado y medio lelo al que, antes de golpear
con su rayo, maldijo de esta manera: «Serás el obrero errante y de
ahora en adelante trabajarás un día en Santander y otro en Alicante,
hoy en la construcción y mañana en la marina mercante».
Cuando mi hija Lucía tenía dos o tres años inventé para ella el cuento
de Casimiro, un niño pijo, impertinente y descortés que vivía en
una enorme mansión de veintisiete habitaciones, rodeado de diecisiete
jardines y servido por noventa y siete criados. Casimiro tenía
asimismo un interminable vestidor, con estanterías a un lado y a
otro, en el que acaparaba tantos zapatos como la famosa Imelda
Marcos: tantos pares como días tiene el año y de tantos colores
como días la semana. Los lunes calzaba unos zapatos marrones, los
martes amarillos, los miércoles azules, los jueves negros, los viernes
gris perla, los sábados blancos y los domingos —porque, además
de pijo, impertinente y descortés, era sumamente hortera—
unos mocasines tornasolados o, por decirlo con el simpar Ortega,
«iridiscentes»
pdf 77 paginas dobles
***Contenido oculto. Abra la versión completa del tema para visualizar los enlaces.***
http://i1127.photobucket.com/albums/l625/jmm00044/Album/519RFE-FeRL_SL500_AA240_.jpg
En junio de 1988, la Bruja Avería fundió a su última víctima, Casiano
Neón, un obrero alienado y medio lelo al que, antes de golpear
con su rayo, maldijo de esta manera: «Serás el obrero errante y de
ahora en adelante trabajarás un día en Santander y otro en Alicante,
hoy en la construcción y mañana en la marina mercante».
Cuando mi hija Lucía tenía dos o tres años inventé para ella el cuento
de Casimiro, un niño pijo, impertinente y descortés que vivía en
una enorme mansión de veintisiete habitaciones, rodeado de diecisiete
jardines y servido por noventa y siete criados. Casimiro tenía
asimismo un interminable vestidor, con estanterías a un lado y a
otro, en el que acaparaba tantos zapatos como la famosa Imelda
Marcos: tantos pares como días tiene el año y de tantos colores
como días la semana. Los lunes calzaba unos zapatos marrones, los
martes amarillos, los miércoles azules, los jueves negros, los viernes
gris perla, los sábados blancos y los domingos —porque, además
de pijo, impertinente y descortés, era sumamente hortera—
unos mocasines tornasolados o, por decirlo con el simpar Ortega,
«iridiscentes»
pdf 77 paginas dobles
***Contenido oculto. Abra la versión completa del tema para visualizar los enlaces.***