pleyade
5 enero 2020, 17:26
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FICHA TÉCNICA
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Sipnosis:
AI atardecer, unos vecinos piadosos trajeron el cadáver de Joss Kevin a la casa donde vivían su padre, el anciano Lawrence Kevin, y su nieta, Jean.
Como el fuego había borrado horriblemente las facciones de Joss y su cuerpo estaba parcialmente carbonizado, los amigos de la familia envolvieron cuidadosamente el cadáver en una manta, antes de cargarlo en la carreta y trasladarlo a casa de los Kevin
Un nudo se puso en las gargantas de aquellos hombres buenos, cuando Chuck Tecker aporreó con su puño las torcidas maderas de la puerta.
Todos esperaron con ánimo en vilo a que el anciano Larry Kevin apareciera en la puerta. Sabían que el abuelo era duro de oído y lento en su caminar, pues los muchos años de vida en los bosques habían terminado por endurecer sus articulaciones, dejándole casi baldado.
Chuck Tecker, que había golpeado la puerta, volvió a insistir al cabo de unos minutos.
Pasaron dos jóvenes jinetes cabalgando al paso. Vestían elegantes indumentarias, calzaban lustrosas botas de montar y llevaban revólveres, calibre treinta y ocho, colgados de sus cinturones. Ambos dirigieron cínicas miradas al bulto encogido bajo la manta y luego prosiguieron su camino, calle adelante.
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Como el fuego había borrado horriblemente las facciones de Joss y su cuerpo estaba parcialmente carbonizado, los amigos de la familia envolvieron cuidadosamente el cadáver en una manta, antes de cargarlo en la carreta y trasladarlo a casa de los Kevin
Un nudo se puso en las gargantas de aquellos hombres buenos, cuando Chuck Tecker aporreó con su puño las torcidas maderas de la puerta.
Todos esperaron con ánimo en vilo a que el anciano Larry Kevin apareciera en la puerta. Sabían que el abuelo era duro de oído y lento en su caminar, pues los muchos años de vida en los bosques habían terminado por endurecer sus articulaciones, dejándole casi baldado.
Chuck Tecker, que había golpeado la puerta, volvió a insistir al cabo de unos minutos.
Pasaron dos jóvenes jinetes cabalgando al paso. Vestían elegantes indumentarias, calzaban lustrosas botas de montar y llevaban revólveres, calibre treinta y ocho, colgados de sus cinturones. Ambos dirigieron cínicas miradas al bulto encogido bajo la manta y luego prosiguieron su camino, calle adelante.
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