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Tema: Un intento de cuento

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  1. #1
    Fecha de ingreso
    mayo 2011
    Mensajes
    24
    Agradecido: 80

    Predeterminado Re: Un intento de cuento

    Gracias miles por sus comentarios a Luisa y a Pablo.
    Luisa, como dice Pablo, un perraje es como una chalina... los usan para cubrirse del frío, para llevar niños pequeños, para esconder el beso de un novio...
    Espero que me soporten un texto más.

    HÁGASE TU VOLUNTAD EN LA TIERRA COMO EN EL CIELO

    —Decídase ―dijo Rubén dirigiendo su mirada al suelo. A pesar del tono altanero era notorio que aún le temía a la mirada de Claudia. —Decídase de una vez, si lo sigue pensando se nos va a hacer tarde a los dos. Hágalo ahora o me voy y la dejo con el problema a usted solita.
    Claudia dibujaba en su rostro una mueca parecida a una sonrisa. Le divertía que alguien como Rubén le diera órdenes. No podía tomar la decisión ya. No era cuestión de que la apurara para que su mente se aclarara.
    —Pues va a tener que irse y dejarme el problema a mí solita —dijo Claudia tomando a Rubén por el hombro—, por ahora no puedo decir nada y el de la prisa es usted no yo. A mí no me afecta esperar un par de días más.
    Rubén estaba a punto de explotar, quería zarandearla, tomarla del cabello y sacudirla a bofetadas. Su desesperación llegó al máximo al sentir esa mano en su hombro, nadie se atrevía a tocarlo, todos le tenían miedo o respeto y lo que él decía siempre era una ley.
    Pero ahora de nada le valía desesperar. Claudia tenía fama de terca y él se acercó con el afán de ayudar, si quería irse contra la razón pues cosa suya, él no iba a evitarle las consecuencias.
    —Haga como quiera entonces —murmuró, sudaba copiosamente y sentía que las sienes le reventarían en cualquier momento—, no más no vaya a decir después que no quise ayudar.
    —No tenga pena —respondió Claudia iluminando la habitación con su sonrisa—, ya miraré yo como salgo de esto. Váyase con cuidado.
    —Usted también —dijo Rubén sin pensar, dio la vuelta en redondo y salió de la habitación.
    Cruzaba el patio hacia la puerta que daba a la calle cuando cayó en la cuenta que olvidaba su sombrero, giró sobre sus talones y regresó a la habitación. Tocó suavemente con los nudillos en el marco de la puerta y dijo casi susurrando:
    —Claudia, olvidé mi sombrero, me lo alcanza por favor.
    No hubo respuesta, volvió a tocar un poco más fuerte por si ella no había oído pero desistió al recordar que era un cuarto pequeño y que sólo la penumbra daba la sensación que fuera más grande. Ella debía estar dentro a no más de tres metros o había salido justo detrás de él a otro de los cuartos de la vecindad, pero él no recordaba ningún ruido a su espalda o no pudo escucharlo por rumiar su rabia. Un pudor mezclado con miedo le impedía entrar a la habitación así que decidió dar por perdido el sombrero antes que volver a enfrentar a la fiera esa. De nuevo dio vuelta y se dirigió por la vereda del patio hacia la puerta. Una voz lo detuvo. Un niño pequeño le gritó que olvidaba su sombrero.

    ***

    Sea.
    "...dulce eres como la tierra, como ella: frutal y hermosa..."

  2. Los siguientes 3 Usuarios agradecieron a EdgarQR este mensaje:

    Cantonuevo (30 septiembre 2011), Pablo Chavarría (29 septiembre 2011)

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